jueves, 5 de diciembre de 2019

Desesperación


Desesperación

Cuando en el silencio de la noche gritas
en todos los idioma que conoces o inventas:
¡Ayuda!
¡Aide!
¡Help!
¡Aiuto!
¡Hilfe!
¡Ajuda!
¡Axuda!
¡Laguntza!
¡Voítheia!
¡Auxilium!
¡Bāngmáng!
¡Msaada!

Cuando te duele la garganta
de clamar hacía dentro
llamas al dios de los que no tenemos dios,
le susurras al viento de la madrugada,
cantas a la lluvia fría de diciembre,
increpas a la desgarradora soledad,
le cuentas un cuento triste a la luna
y te duermes con el dolor del fin del mundo.

Quizá hoy vuelva a salir el sol.

David Calvo

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Noviembre


Noviembre

En noviembre llegan las primeras lágrimas
que, ni tan siquiera
tienen nombre.

En noviembre el alba y el ocaso
están tan cercanos
que comienzan a susurrarse canciones.

Llevaba tan dentro el olvido
que se murió de noviembre
un día soleado de mayo.

Llegan las castañas
y el crepitar de la hoguera.
En noviembre los dictadores van al infierno
desde mausoleos olvidados.

Se resfrían los besos
que corren a otras bocas
en las largas noches
de hojas húmedas de noviembre.

Vienen y van los sueños
en las madrugas huérfanas de futuro,
por eso, a veces, cuando está triste
noviembre juega a ser junio.

David Calvo

miércoles, 9 de octubre de 2019

Esperanza de otros


¡Jaulas de oro, de madera, de barro,
hasta de paja o cartones;
cada uno vive en su prisión
creyéndonos libres,
soñándonos soberanos
de nuestra celda!

A veces, nos abren la puerta
y volamos de vacaciones,
pasamos unos días fuera,
algún fin de semana efímero
y nos regresan al calabozo.

Nos sacan a trabajar,
nos dicen todo lo que debemos hacer,
el hambre que tenemos, o no,
lo que debemos pensar,
quienes son nuestros enemigos,
con qué trapos nos tenemos que vestir
y hasta las veces que es bueno hacer el amor.

Piamos bellos cantos
que no nos creemos ni nosotros mismos;
nos creemos libres y poderosos
y solo somos el resultado
de una esperanza que no es nuestra.

David Calvo

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Arena en los bolsillos


Arena en los bolsillos

Después de otra noche de insomnio
paseaba por la playa descalzo,
unos vaqueros viejos y una camiseta
de hace quince años,
un viejo reloj que no caminaba
y unas gafas que cubrían
unos ojos rojos de tristeza eterna.

Las manos en los bolsillos,
los hombros encogidos,
entre los labios los restos de un cigarrillo.

El amanecer le pareció un puto cartel de publicidad,
el mar tranquilo,
el sol carmesí,
el barco de pesca,
el cielo añil,
faltaba una mano agarrada a la suya,
un cuerpo cómplice en el que cobijarse.

Estaba arruinado,
no solo no tenía dinero
también había errado el rumbo.

Llevaba polvo de estrellas
después de dormir junto al océano
que era un mar de andar por casa;
incluso, soñaba que de niño soñó
pasear una mañana con arena en los bolsillos.

David Calvo

viernes, 12 de julio de 2019

Una noche de verano


Una noche de verano

Me desperté con el claxon de la maquina que limpiaba la arena
y con una gaviota casi en mi costado,
una botella vacía me recordaba vagamente la madrugada;
los besos que no existieron sabían a whisky barato,
el sonido arrítmico del mar mezclado con el alcohol
habían conseguido dormirme después de meses de vigilia,
ahora la luz dañaba con violencia mis ojos,
¿dónde estarían las putas gafas?

Me levante y saludé al tío que pitaba
con la peor de mis sonrisas;
amanecía en un mediterráneo cálido,
repleto de cadáveres olvidados
y sueños a borbotones que no deberían romperse;
llegaron dos hombre con sombrillas,
hay gente que sirve para joder las vistas;
ya ni el recuerdo se acordaba que fue el mar del amor
de veranos que ahora son de otros.

Era evidente que necesitaba un café y una ducha
para aclarar las ideas
y digerir la resaca con cierta dignidad,
si es que todavía me quedaba algo.

David Calvo