miércoles, 8 de abril de 2020

Cara y cruz


Todavía nos queda mirar a la luna desde el balcón; aplaudir hasta rompernos las manos por los sanitarios, y por todos los que hacen funcionar España en estas circunstancias; soñar con paseos eternos por campos, playas o calles; hablar con familiares y amigos por tecnologías del futuro de nuestra infancia; leer hasta que se pongan rojos los ojos; imaginar versos perversos o siniestros o cargados de amor y ternura; subir a los cielos que dejan tus pasos en el pasillo; dejar que te besen tus hijos o te acaricien una barba de pereza y esperanza; salir al sol de una primavera que, a veces, huele demasiado a un mundo nuevo, no sabemos si peor o mejor; ver alguna serie en el refugio de las caricias y los cojines; estudiar y los datos de las noticias, y pedir a los dioses que no existen que deje de morir gente, no solo de coronavirus.

Pero el odio sigue impregnado en  las redes sociales, en algunos balcones, en unos cuantos rincones de nuestras ciudades. Quiero pensar que es una ruidosa minoría, pero dan miedo, demasiado miedo. Ahora no podemos estar callados, no debemos bajar la mirada, no tenemos que cerrar los ojos y pensar que todos somos buenos. Hay personas magnificas, pero hay gente que se apunta al carro del rencor; afortunadamente son más los primeros que los segundos, por lo menos así lo quiero creer cada mañana cuando me encuentro un estercolero en Internet.

¡Qué envía da Portugal! También otros países que luchan unidos. Aquí preferimos matarnos entre nosotros. Mirad nuestra Historia, tan atroz, tan sanguinaria. Entre otras cosas estoy leyendo historia, y uno se da cuenta como se ha repetido hasta casi el infinito, algunos han sido expertos en inocular veneno a la población para que unos luchen contra otros. Nosotros tan idiotas como hace siglos, seguimos cayendo como ignorantes y pardillos en la manipulación, aunque sea zafia y grosera. 

La Sanidad y la Educación pública no nos la pueden quitar nunca; las clases medias y trabajadoras las necesitamos para vivir, para sobrevivir. Espero que sea el aprendizaje que saquemos de la pandemia que nos devasta. Puedo llegar a entender que las clases altas no compartan la idea de Sanidad y Educación pública, claro que lo comprendo, aunque no lo comparta. 

Seguiremos luchando, seguiremos viviendo, seguiremos soñando; pero sobre todo, seguiremos amando. 

¡Adiós al odio que desprenden los idiotas!

David Calvo